Memorias de una Geisha, Arthur Golden

19 febrero 2011

Memorias de una Geisha
Arthur Golden

Se dice que la semana en la que una joven prepara su debut como aprendiza de geisha es semejante a cuando un gusano se convierte en mariposa. Pero de esta encantadora metáfora apenas hay algo de cierto. Y es que el gusano sólo tiene que tejer el capullo y dormitar un momento, mientras que una debe estudiar años para deshacerse de su cuerpo de crisálida. Sobre esta extraordinaria metamorfosis, Memorias de una geisha dibuja, con finos trazos, todo el proceso de creación de las criaturas más bellas que nacen bajo toda la mística del Imperio del Sol Naciente.


Esta es la historia de Sayuri, una niña (bueno, ya una mujer) que cuenta su vida, desde la niñez. Fue una niña que sufrió, para mi gusto más de lo que debió sufrir, aunque, en parte, gracias a ese sufrimiento supo que iba a ser de su vida y cuál era el camino que debía tomar, (aunque gracias a algunas ayudas), de el Presidente Iwamura y de Mameha. Qué decir del Señor Tanaka, un hombre muy amable al principio, pero después todo un defraudo.

El maquillaje era algo asombroso, pues estaba hecho a base de plomo, lo que con el paso del tiempo les destrozaba la cara. Era triste ver como Hatsumono intentaba destruir a Sayuri, de una forma tan baja y tan cruel (pensándolo bien, toda ella era cruel).

Me pareció algo precioso, lo que Sayuri sintió la primera ves que conoció al Señor Presidente, la verdad cuando leía cada palabra, el alma se me encogía, por como ella describió como se sentía, y después cuando lo vio en el evento de sumo, lo que soñaba, (que el Prediente Iwamura la hiría a rescatar), en lugar de Nobu, como había dicho Mameha.

En la historia de Sayuri se detallaron todos los esfuerzos que tuvo que hacer para convertirse en una verdadera geisha. Poco después de los dieciocho años de edad, Sayuri se dió cuenta de que a Mamita lo único que le importaba, era cuanto dinero podría sacar en beneficio de la okiya (no le importaba en lo más mínimo, Sayuri, sólo el dinero que podría sacar de ella). Se podría presentir todo lo que iba a pasar después de obtener un danna, que ella en parte se alegraría, pero también se entristecería.

Hatsumono le hacía la vida imposible (que es decir poco), pero recibió lo que se merecía, por todo el daño que había hecho a su alrededor. Aunque en cierto modo, me dió mucha lástima en lo que acabó conviertiendose (aunque no se supo mucho de ella).

Un libro de lo más precioso, su final ha sido increíble..(quien lo diría). El libro me ha gustado de sobremanera, es flipante, como puede llegar a gustarme tanto un libro. Estoy contentísima de haberme parado a leer este precioso libro, sin duda alguna. Leedlo en cuanto podais!


Arthur Golden, nació en 1956 en Chattanooga, Tennessee. Miembro de la familia Ochs-Sulzberger (dueños del New York Times), Golden fue educado en la escuela Baylor (entonces solo de varones, para estudiantes comunes y pupilos) en Chattanooga.
Estudió en la Universidad Harvard y recibió un título en Historia del Arte, especializándose en Arte japonés. En 1980, obtuvo una Maestría en Arte en Historia Japonesa en la Universidad Columbia. También estudió Chino Mandarín. Después de un verano en la Universidad de Beijing, trabajó en Tokio. Cuando regresó a Estados Unidos, obtuvo un M.A en Inglés en la Universidad de Boston.
Actualmente vive en Brookline, Massachusetts.

Trailer de la película



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