La plazuela de San Justo, Antonio Martínez Menchén

08 mayo 2011

La plazuela de San Justo, Antonio Martínez Menchén

Un día, Pepín descubre a Fosco, un perro lanoso de color gris que le sigue a todas partes. Aquel suceso no tendría nada de especial si no fuera porque ni Chirri, el miserable enano; ni Luisito el Mona; ni Juanito el Rana; ni la señora Quica, la vieja loca que paseaba a su gallina atada a un cordel; ni tan siquiera su padre, eran capaces de verlo. ¿Estaría Pepín perdiendo el juicio? Allí, en ese mismo barrio, auténtico pulso de las vivencias de los personajes, asistiremos al despertar de Tina, que pasará de los miedos e inocencia de la mocedad a la madurez que se intuye al empezar a ser mujer; y acompañaremos a Luisito el Monas en esa carrera de obstáculos que todos acometemos tratando de hallar nuestro futuro para finalizar el trayecto que iniciamos al nacer.

Los tres relatos que se agrupan en La plazuela de San Justo (Fosco y El despertar de Tina, el primero incluido en la Lista de Honor del IBBY y ambos finalistas del Premio Nacional de Literatura Infantil/Juvenil) son ya un clásico de la literatura juvenil española. Aunque cada relato tiene entidad propia, son en realidad tres partes de una misma novela, con un escenario y unos personajes comunes, y su lectura unitaria permite no sólo seguir la evolución de los protagonistas, sino la del género literario en que se desarrollan sus aventuras y que también corresponde a su evolución mental, que va desde el mundo mágico de los cuentos de hadas del niño de diez años, a la novela picaresca propia ya de la adolescencia.


Unos relatos, bastante llamativo en esta novela, aunque también algunos, muy triste, por no decir todos.

Esta novela, va sobre tres relatos, aunque contienen los mismos personajes, no tiene nada una que ver con otra, se reflejan distintos casos y cuenta la historia de personajes diferentes.

Bueno, vamos por parte, comentaré sobre el primer relato. Que al principio me pareció todo, un poco extraño, pero después le fui cogiendo el gustillo a el relato. Pepín un jovencito, que resulta que ve un perro, pero al que nadie, sólo el lo puede ver. En un principio, la verdad, la historia me aburría un poco, pero al poco, le fui cogiendo el ritmo y me fue gustando algo más.

El perro era extraño, aparecía cuando quería y desaparecía de la misma forma, cuando quería. Este relato me gustó bastante, porque ayudó a Pepín, a afrontar un miedo que el tenía y que, tampoco es que supiera afrontar, porque al fin y al cabo, no afronto nada. Me pareció muy triste como vivía esta familia, una vida muy pobre, que me daba mucha lástima.

El segundo relato me gustó algo más, por cómo Tina, la hermana de Pepín, una tarde, conoce a un hombre, que resulta ser el hijo de la tía Blasa "la bruja", como todos la llamaban, esta niña, superó de una forma muy madura el cambió que sufrió hacía la pubertad. Descubrió muchas que no conocía y que le gustó saber, gracias a este señor.

Me gustó mucho este relato, cómo conoció al hombre, del que nunca supo su nombre, que la ayudo de una forma, totalmente desinteresada y de muy buenas maneras, puesto que la trataba de una forma bastante especial.

Lo que menos me gustó, fue los privilegios que tenían los machos, a diferencia de las hembras. Los niños tenían el derecho de estudiar y llegar muy lejos, pero las niñas no, las niñas se quedaban en casa ayudando a las madres en las casas, con los que aceres domésticos, eso me molestaba mucho.

Y ya por último, el tercer relato, que me gustó mucho, pero a la ves me entristeció, porque tampoco es que quedara nada en claro.

Luisito "El Mona", me dio mucha pena este chico, vivió en un mundo hostil, en el que no se merecía vivir. Quedó huerfano, tan solo siendo un chico y tuvo que afrontar ese momento, como sólo él llevaba haciendo durante tantos años.

La verdad, este relato me sorprendió, que el chico huyera, cogiera un tren y se dirigiera a otro lugar en busca de otros lugares y de que no lo encontraran, me sorprendió, fue lo que menos esperaba. Trabajó de muchas cosas y por lo menos ganaba para comer, que era lo que él necesitaba.

Me gustaron todos los relatos, pero el último de todos, me dio mucha tristeza, por Luisito, no me esperaba que acabara como acabó, pensaba que acabaría feliz. Pero, en estos relatos, no se rige por la felicidad, si no, por lo que vivieron mucho tiempo atrás, nuestra propia familia, donde se pasaban muchas miserias y eso, es lo peor de todo. Que cada final, tampoco es que fuera feliz, aunque el primero, mas o menos, en parte, sí que lo fue. Vamos, que recomiendo el libro, para estar entretenido.


Antonio Martínez Menchén nació en Linares (Jaén) en 1930. Pasó su infancia y adolescencia en Segovia donde cursó el bachillerato. Licenciado en Derecho en la Universidad de Madrid, posteriormente se graduó en Psicología Industrial y Clínica. En 1960 ingresó en el Cuerpo Técnico de Administración Civil. Aunque ha cultivado el ensayo, su principal dedicación literaria ha sido la narración. Su primera novela es Cinco variaciones (Seix Barral, 1963) A esta novela siguieron Pro Patria mori (Legasa, 1980) La caja china (Ediciones Libertarias, 1993) La edad de hierro (Epígono, 1998) y Patria, justicia y pan (Asociación cultural “Barataria”, 2006) Entre sus libros de relatos están Las tapias (Seix Barral, 1970) Inquisidores (Zero Zyx, 1977) Una infancia perdida (Mondadori, 1992) Veinticinco instantáneas y cinco escenas infantiles (Gens, 2004). También han alcanzado gran éxito en España y en otros países las novelas que se recogen en el presente volumen. Finalistas del Premio Nacional de literatura infantil.


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